Archive for the ‘Relatos Eroticos’ Category

Jun
20/11
La senora bien

Matilde era su nombre , bella y bien conservada, había sido bailarina y modelo en su juventud , cuerpo cuidado siempre en gimnasios , de origen humilde pero gracias a su fina forma de ser casada con un acaudalado empresario , jamás había hecho trabajos de esfuerzo y tenia sus sirvientes para todos los quehaceres en la casa , también para su cuidado personal .

Una de ellas, morocha pero de finos rasgos era quien atendía su ropa y se ocupaba de maquillarla y peinarla, Diana tenía tan solo 23 años y su madre era la fregona de la casa, motivo este por el cual a veces tenía acceso a la casa sin que sus dueños estuvieran presentes.

En una de esas ocasiones en que estarían ausentes varios días, al juntar la ropa que aunque usada aun olía a fino perfume, decidió probársela era un vestido entallado que marcaba las curvas de su cuerpo , acompañado de una chaqueta que destacaba aun mas sus pechos y finos zapatos de taco, se maquillo y peino con los elementos de su señora , como igual debía lavarla decidió salir a dar una vuelta así vestida , noto la mirada de los hombres y en su fantasía señorial decidió seducir a uno de ellos , quien la halago con una cena y una salida que ella jamás hubiese imaginado vivir , luego la llevo a bailar , el intento de seducirla la asusto y como pudo desapareció regresando a la casa .

Al regreso de los señores todo continuaba normal los primeros días, pero el trato de Matilde se fue endureciendo con ella al pasar el tiempo, hasta llegar a ser humillante, cierto día que el matrimonio disfrutaba una tarde de sol, el maltrato alerto a Juan, su esposo, quien le pregunto el motivo del mismo , tomando a diana de los pelos la llevo frente a la pc la prendió y le mostró las fotos de su noche soñada , mientras la increpaba con insultos lejanos a su fina manera de ser , el esposo miraba asombrado y solo comento , se ve preciosa , igual que tu cuando te saque de la miseria donde vivías , eso termino en una discusión en la que no se hablaron durante días .

La discusión no fue solo de palabras, a Matilde se le habían quitado sus tarjetas y cerrado créditos por sugerencia de su esposo, harta de la situación un día exploto y le reclamo al esposo le devolviera todo eso, el se negó diciendo ya que decidiste despreciar a esta niña, es bueno que aprendas lo que ella siente, cuando intento hablar recibió un sonoro bofetazo que la hizo callar y ponerse a llorar, su vida cambio desde ese momento , mientras diana recibía todos los favores de parte de su señor .

Un día las junto a ambas y las obligo a vestirse iguales, aunque bella los 45 años de Matilde contrastaban con la juventud de diana y les dijo que saldrían los tres a cenar, Matilde protesto diciendo que no pensaba salir con una sirvienta, ante esto su esposo dijo, pues bien quédate si lo deseas y se fueron patrón y empleada juntos , regresaron entrada la madrugada completamente tomados y con signos de una noche lujuriosa , a la mañana siguiente , fue a despertar a Matilde diciéndole , desde hoy tu serás la sirvienta y aprenderás a hacer todas las tareas de la casa , ante la negativa la emprendió dándole una furibunda paliza , logrando que cumpliera su orden sin queja alguna .

Mientras desayunaban , le marcaba pautas de cómo debía referirse a Diana , la llamaras siempre señora y tu serás la cornuda, ese es tu nuevo nombre , pagaras caro tu soberbia y el haber olvidado tus orígenes , de ejemplar esposo paso a ser un exigente dominante la ex sirvienta una amante de lujo , también sumisa del señor , pero con todos los derechos sobre su ex patrona , lo primero que hizo fue explicarle en detalles como le agradaba a ella que hiciera cada tarea que se le indicaba , pues ahora era la única sirvienta de la casa .

Matilde pasaba las noches escuchando las morbosas batallas sexuales en su anterior dormitorio , esto comenzó a causar su efecto ya que ella no era atendida sexualmente y se la ignoraba , lo que incremento aun mas su sumisión y descubrió en ella que le causaba placer como era tratada , lo que no paso desapercibido para Diana , quien comenzó a divertirse con eso y sugirió una morbosa idea , juntar a las mas viciosas amigas , todas de alta sociedad pero putas de naturaleza , para presentar a Matilde en su nueva vida , pero fue mas allá aun , en su condición de cornuda ella misma debía provocar , que todas se acostaran con su esposo y le puso un plazo para lograrlo , si no lo conseguía seria aun peor .

Mientras esto de gestaba la humillación de Matilde llego al limite de que estaba presente cuando hacían el amor y participaba ayudando para reírse de ella , aprendió a besar sexo y culo de ambos, a limpiarla después , a pajearse sola , recibió meos y escupitajos ….

Jun
20/11
Viaje hacia el intercambio

El verano no vino con medias tintas, se ha presentado con toda su temperatura, que sumada a la humedad, provoca escozor.
La carretera esta hirviendo, el transito es fluido, pero parece que tendremos una tormenta de verano a pocos kilómetros, los nubarrones negros así lo predicen.
Viajamos con Lorena, mi cuñada, hacia la costa, donde nos esperan para pasar una quincena, su marido Carlos, y mi mujercita Silvana. El viajo antes, para tener la casita lista y ella ha ido directamente en un vuelo para aprovechar el fin de semana.
Lorena esta empecinada en buscar en la radio del auto, su música preferida, que por suerte, es de mi agrado también. Cuando la encuentra canta y se menea con mucho swing, y sus hermosas piernas aparecen debajo de su corta pollerita, haciendo más placentero el panorama de mi viaje. Tiene los senos algo más grandes que Silvana, que es más flaca y estilizada, pero que bien que esta potra que tengo por cuñadita.
Wauuu, se largó el diluvio, que manera de llover….. A si que bajaremos la velocidad, aumentando la precaución…..aunque por momentos la cortina de agua no deja ver nada.
Que ya llevamos casi la mitad de los 1200 kilómetros que nos separan del balneario, y así demoraremos mas de la cuenta…..pero que pasa….. Caramba, parece que no entran bien los cambios, así que pararé en la próxima estación de servicio o poblado.
Ya, ya… si, ya se que hoy es feriado…. Pero alguien puede reparar esta maldita caja de cambios…. Noooo. Pues NO, hasta mañana no hay posibilidades.
Ahora no llueve, pero el calor húmedo no deja margen ni siquiera para pensar, mientras buscamos refugio en algún hotel, o posada…. Que en este pueblito no podremos más que aceptar la pieza en el motel de la ruta.
La noche se nos vino encima….. Y mientras Lorena se fue a dar una ducha sonriente, me tire en la única cama libre del pueblo, para estirar mis piernas.
Lorena golpeo varias veces la puerta del baño, que al parecer tiene sus propias reglas y no quiere permanecer cerrada…pero parece que cedió ante la insistencia de la bella dama.
El ruido a la ducha, se intensifica, porque finalmente la puerta se impone, se abre de nuevo….. Y como esta tapizada con un espejo del lado interior, me regala un precioso momento, permitiéndome ver a la escultural Lorena disfrutando de una jabonosa sección de masajes autoaplicados con gran maestría.
No soy de piedra, no. Pronto siento los resultados del espectáculo, pues aquel cuerpazo tan armonioso, aquellas, tatas, aquel trasero, aquellas piernas, me han provocado otra clase de calor y excitación.
Cuando terminaba, disimule haciéndome el dormido…. Pero pude verla salir envuelta en una toalla blanca….
– Es tu turno Leo…. El agua esta divina.
Divina eres tú, hubiera contestado, pero me levante con dificultad, para no delatar mi erección, que me había puesto al palo, y que la había estado espiando.
– Es mi turno, si…. Y tú puedes elegir de que lado de la cama dormirás.
Entre al baño asegurándome cerrar la puerta espejada, pero no bien estaba bajo la ducha, la muy terca cedió a sus instintos abriéndose lentamente.
Tenía aun la verga bastante dura, por lo que me hizo girar hacia la pared, mirando disimuladamente para ver si ella me espiaba…… y si….me espiaba, sin dudas me estaba espiando.
Pensé en gritarle algo, pero me contuve, mas en lo que no me contuve, fue en girar enjabonándome el rabo como para que sintiera vergüenza de estar mirando lo que no debía. Fui rápido en la ducha, saliendo envuelto en la única toalla que quedaba.
Me senté en la cama, mientras ella estaba haciendo zapping en el viejo televisor de aquella sencilla piecita.
Seque mis pies, y busque mi calzoncillo….
– dime, dijo Lorena….. Tu me espiaste en la ducha?
– Esteeee, que dices, como puedes decir eso?
– Es que primero vi que tenias el pito parado y después me di cuenta que desde la cama el espejo te permitió verme desnuda bañándome.
– Y tu como sabes que tenia el pito parado?
– Porque yo también te estuve espiando…. O acaso no tengo derecho?
– No te molestes, mire un poquito…. Pero no me arrepiento….pero tampoco voy a pedir perdón…. Ya esta….. voy a descansar así que no pongas la TV muy fuerte.
– Sos de lo peor, dijo…. Girando para el otro lado.
Yo me volteé, pero estaba ahora súper excitado….. El aroma del perfume que se había puesto Lorena hacia ahora su parte, atrayendo mis pensamientos a su maravilloso cuerpo.
No habían pasado ni cinco minutos, cuando apago el TV, dejando la pieza casi en penumbras. Penumbras que no mitigaron mi estado de deseo, menos aun cuando sentí que su cuerpo rozaba el mío.
Debería haberme puesto un piyama, pensé, pero el calor es indudablemente intenso.
– Sabes, creo que te gusto lo que vistes, porque se te puso durita.
– Pues tu sabes bien, que tiene que haberme gustado, ya que estas como una frutita bien a punto.
– A mi también me gusto ver tu cosa durita, parece rica.
Me desarmó totalmente, me nublo las imágenes de mis pensamientos, hizo trizas mi razonamiento, y quede petrificado.
Fue el contacto con su cuerpo, su abrazo, su mano recorriendo desde mi pecho hacia abajo, hasta tomar mi erecta verga la que me hizo razonar que allí iba a pasar algo mas que una noche de espera.
No habían palabras, no eran necesarias ya….las acciones comenzaron a marcar los instantes paso a paso.
Me puse boca arriba, rozando sus pechos, los que toque con un leve movimiento de cabeza, para comenzar a chuparle los ricos pezones. Sus tetas me parecieron inmensa comparadas a la de su hermana, y sus curvas mas exuberantes, sus caderas mas insinuantes, su vientre mas caliente.
La desparrame en la cama y baje lentamente chapándole el cuerpo…. Aprovechando que ella abría las piernas lentamente, me fui a su cueva sin muchas vueltas, chapándole pronto los labios vaginales y encontrando aquel botoncito poderoso que al parecer, era su punto débil…… tan poderoso y débil era su clítoris, que le arranque en pocos lengüetazos gemidos de placer que fueron creciendo hasta hacerla explotar en un orgasmo lleno de vibraciones y temblores.
Lorena no era de las pasivas, no señor, porque de pronto decidió devolverme gentilezas inclinándose a chapármela con mucho fervor.
Conociéndome, no la deje que me liquidara prontamente, así que la detuve, pensé un solo instante, mas decidí que me la clavaba allí mismo y sin mas dilaciones.
La volví a tumbar, y la monte….siendo ella la que más se esforzó en que aquella acción tuviera buen termino y profunda penetración.
Bombie profundo y me abrazo con piernas y brazos para no perder placeres. La lleve a otro orgasmo continuado de aquel bucal….. Pero debi suspender para no chorrearme a lo que consideré era el inicio de las acciones.
Me tumbe boca arriba y ella no tardo en montárseme con agilidad, clavándose mi verga en su concha abierta y ardiente….. y me dio un placer poder abrazarla a pleno, disfrutando su hermoso cuerpo….. Sus dientes blancos, que sonreían quejándose en cada caída al vacío, donde se llenaba su cueva de mi carne caliente…. Su pelo bailando una danza sexual, sus pernas atléticas, flexionándose a pura calentura para bailar sin pausas el jaleo de coger montada.
Pronto me perdí en sus besos, y sus mordiscos que precedieron a la locura de otro orgasmo al parecer mas intenso aun, que esta vez, si no pude evitar contestar, acabándole bien adentro sin posibilidades de quitármela de encima. Era una leona.
A pesar del calor fue fantástico tenerla allí arriba….. y disfrute a pleno.
Pasamos un rato abrazados, y pronto sentimos la necesidad de volver a darnos leña, así que la puse en cuatro embistiéndola desde atrás, viendo que ella, levantaba la colita abría las piernas para no perder un milímetro de penetración….. Era muy putita mi cuñadita, muy putita.
Le metí los dedos en el culito y la sentí balbucear que le gustaba todo…..
– Te voy a partir ese hermoso trasero, Lorenita……
– Si cuñadito, dame todos los placer juntos, todos….
La estaba sometiendo a una gran cogida, embistiéndola a mi antojo, cambiando de ángulo, abriéndola bien…… cuando sonó su celular.
Ella se estiro para tomarlo, pero yo no se la saque del todo.
– Hola, cariño…. Si… como estas….. si, tuvimos un percance, pero mañana vamos…. Si, si….. si Leo maneja muy bien, es seguro, sabe lo que hace, además tiene experiencia… es un placer viajar con el….si…. si
Mientras hablaba se contorneaba y embestía mi falo, girando la cabeza mirándome con cara de goce….. pues al parecer gozaba mucho hablar con su marido mientras yo me la ensartaba. Reconozco que yo también sentí un morbo especial.
Ese morbo fue el que me llevo a sacarle la polla y buscar su culito….. Que al parecer era dócil y bien domadito…. Ya que con su ayuda pronto se la metí hasta los huevos.
– Nos vemos pronto cariñito, dijo…. Y regalándole un sonoro beso a su marido por celular, apago el aparatito, al momento que levanto sus caderas dejándome a mi merced aquel hermoso culito.
Clamo a los dioses, jadeo, puteo, imploro y grito, pero no se la saco, por el contrario, su entusiasmo no cedía y cuando yo lleva una mano para apretarle y sacudirle el clítoris, aquella caldera hirviente, exploto nuevamente, dejando entender a media voz que quería que le llenara el culito de leche……. Y explote sin más miramientos, poniendo lo mejor de mí en esa acción, sabiendo que quedaría exhausto.
Había pasado ya como una hora, de aquella ducha, así que fui por otra.
Por otra acción, también fue ella cuando regrese, y me lamió el nabo hasta ponérmelo bien a punto y me enseño como se coge una mujer a un hombre.
Mi cuñadita Lorena es una leona muy especial.
—- cuando terminamos el viaje….. Vino lo mejor.

Jun
20/11
Mi rutina con Carlos

He llevado una vida muy satisfecha con Carlos. Les platico como ha sido mi rutina con él.

Me gusta recibir a mi hombre Carlos siempre vestida de nena. Con Carlor hemos hecho una hermosa amistad y he disfrutado mucho de él haciendome suya. Tenemos una rutina y cuando viene a verme me avisa consuficiente tiempo para estar lista para él.

Ahora él ya tiene llave de mi departamento. Cuando llega y después de abrir la puerta inmediatamente lo pego a la pared, comienzo a besarle suavemente el cuello. Desabotono su camisa hasta que se la quito y le voy besando su gran pecho varonil mientras comienzo a quitarle el cinto. Despues me pongo a la altura de su cintura y comienzo a desabotonar su pantalón y bajarle el cierre hasta que brota su gran pene endurecido por abajo de su boxer. Me excita acariciárselo por arriba de su ropa interior. Volteo a ver su cara y me gusta ver su cara que pone de lo excitado que está. Después bajo suavemente su boxer hasta que queda totalmente expuesto su pene duro y caliente. En este punto siempre me suplica que comience a mamárselo. Y yo como su esclava obediente comienzo a hacerle sexo oral. Me gusta oler y saborear su pene sucio, tiene un aroma y sabor único (ustedes nenas me entenderán). Rápidamente hago mi mayor esfuerzo de tragármelo todo hasta sentir la punta en la garganta… sé que le gusta mucho porque lo escucho gemir y rápido eyacula adentro de mi boca.

Tras terminar de mamarselo, lo termino de desvestir y le ordeno que se bañe mientras le doy una suave palmada en su nalga. Rápido Carlos me obedece y se baña.

Mientras lo espero en la recámara. Lo espero con un babydoll y un liguero rojo que hace buen juego con una tanga roja y unas zapatillas del mismo color. Pongo una película porno en el DVD y lo espero sobre la cama.

Al salir de bañarse lo invito a acostarse conmigo a ver la película con la condición que se quite la toalla. Hace una semana estabamos disfrutando de una película donde el hombre le mete un plug anal a la actriz antes de penetrarla analmente. Noté lo excitado que estaba al ver la escena porque rápidamente tuvo una erección. Le pregunté si quería meterme un juguete como ese, a lo que rápido me contestó que sí. Saqué uno del cajón, lo lubriqué y se lo entregué en la mano. Carlos estaba tan excitado que rápidamente me ordenó ponerme en cuatro y levantar levemente la cintura. Comenzó a besarme las piernas subiendo a mi cadera y levantando levemente el babydoll. Acto seguido fue bajandome la tanga mientras seguía besándome las nalgas. Terminó de quitarme la tanga y me puso el juguete a la entrada del ano, me abrió con una mano una nalga y comenzó a meterme el plug suavemente. Sentía como entraba, centímetro a centímetro en mi interior, hasta que me lo metió todo. Me preguntó si me gustaba, a lo que le respondí que sí, que hiciera lo que quisiera conmigo, que era suya. Me lo sacó y me lo metió suavemente varias veces, sentía riquísimo como me lo metía. Le pedí permiso para marturbarme a lo que Carlos comenzó a masturbarme. Era la primera vez que me tocaba el pene. Así que ahora me metía el juguete con una mano y con la otra me estaba masturbando. Yo gemía como loca, mi hombre me masturbaba tan rico. La verdad no aguanté mucho, tal vez unos 5 min y llegué al orgasmo, eyaculé como nunca antes sobre la cama. Me sentí un poco apenada con Carlos. Él solamente se rió un poco y dijo que lo había hecho simplemente por curiosidad y por devolverme algo de lo rico que yo le hacía disfrutar.

Le dije que ahora le tocaría disfrutar a él. Me puse de pié con el plug adentro de mí. Me dí la vuelta, empujé para que quedara acostado en la cama y comencé a mamarle su miembro como una si fuera una perra con hambre. Se lo chupaba una y otra vez haciendo ese sonido de chupón. Carlos también gemía una y otra vez. Estube mamándosela por varios minutos hasta que me ordenó subirme arriba de él. Me subí rápido y ya estando arriba de él, le pedí que me quitara el plug. Me lo quitó y saliento el juguete, me senté rápido sobre su miembro. Entró rápido y sin lubricárselo, mi ano ya estaba listo para ser penetrado por mi hombre. Comencé a cabalgarlo, subía y bajaba por todo su pene erecto, hacíamos un ruido de chupón al hacer el amor. Yo le preguntaba varias veces si le gustaba y Carlos respondía que sí. Algo que me gusta sentir de Carlos es cuando eyacula adentro de mi, él ya sabe que me gusta sentir cómo se contrae mientras siento su chorro caliente adentro de mi. Así que cuando Carlos siente que va a eyacular siempre me avisa para meterme lo más profundo su miembro. Me gusta ver su cara y oir su gemido al eyacular. Cuando por fin eyaculó esa tarde sentí su semen adentro y me detuve hasta que terminó de eyacular, sentí como se contrajo varias veces mientras gemía más fuerte hasta casi gritar. Cuando Carlos termina de eyacular me gusta solo disfrutar un poco más de su miembro, porque ahora siento una lubricación más rica en mi ano, más caliente y me fascina sentir cómo se me va saliendo del ano el semen de mi hombre. A Carlos no le gusta que le deje su pene sucio. Cuando termino de montarlo, le limpio con la boca todo su miembro hasta tragarme todo el semen que se me salió del ano.

Esa vez que estuvimos juntos nos acostamos un poco a seguir viendo la película porno. Estabamos cansados, él me abrazó suavemente y yo le correspondí también abrazándolo. Mientras seguía la película hacíamos comentarios sobre lo rico que cogían en la película. Platicamos sobre las poses y otras cosas más. Comencé a acariciarle suavemente su miembro hasta que nuevamente se lo puse erecto. Comencé a masturbarlo suavemente, como a Carlos le gusta que lo haga. Comenzó a salirle líquido seminal y le lubricaba toda la cabezo de su miembro. Me gusta verle la punta brillosa. Poco a poco aumenté la velocidad de mi mano para masturbarlo más rápido. Carlos comenzó a gemir, y me avisó que ya iba a eyacular. Rápidamente puse mi boca enfrente de su miembro para que cayera directamente su semen en mi boca. Eyaculó y me tragué una vez más todo su semen blanco y caliente. Terminé dándole un beso en mi pene y me volví a acostar con él.

Yo se que mi relación con Carlos en solo sexo pero me gusta disfrutar de él porque me respeta y me ha hecho gozar como nunca. Y sin él no podría tolerar todos los abusos que tengo que aguantar de mi maldito casero.

Espero sus comentarios. Besos.

Jun
20/11
Uno es el padre

Hola me llamo Luis y debo confesar que me costó mucho trabajo decidirme a escribir esta historia de cómo gradualmente convertí a mi esposa en una puta y como este proceso culminó en hacer realidad una fantasía: que a mi esposa la preñara, embarazara otro. Esta es una historia verdadera que inició dos años después de casados y que como les mencioné logré que mi esposa gradualmente no solo aceptara sino que deseara quedar preñada, embarazada, de otro hombre. Es la historia de cómo mi esposa estuvo obsesionada con que otro hombre se la cogiera “a pelo” y se viniera dentro de su vagina. Tanto deseaba mi esposa quedar embarazada de otro hombre que estuvo dispuesta a aceptar las consecuencias de llevar en su vientre un hijo de otro y después tener y criar a su hijo.

Debo dejar muy claro que todo, todo lo que mi esposa y yo hicimos fue con el consentimiento y pleno conocimiento de lo que ambos hacíamos.

Que equivocados están quienes creen que convencer a tu esposa que se la coja otro hombre y además, que deje que la embarace es cosa de un día para otro,. Coger con otro u otra estando casados es algo totalmente diferente a que tu esposa voluntariamente acepte tener cambios serios temporales en su cuerpo durante el embarazo y un cambio permanente en su vida como esposa y madre y la tuya como esposo.

Mi esposa y yo tenemos una relación de mucho tiempo, nos conocemos desde hace muchos años, nos hicimos novios en la secundaria y nos casamos muy jóvenes. Mi esposa Alba es de muy buen ver, no es flaca como se acostumbra hoy, tiene un cuerpo que llama la atención, sus pechos son pequeños, nunca se ha querido operar, tiene unas nalgas y piernas que despiertan el apetito sexual y más cuando se pone faldas cortas. Su culo se le antoja a muchos. De cara muy bonita, muy blanca, de pelo castaño y ojos cafés. No porque sea mi esposa pero en la secundaria y hasta ahora llama la atención a donde vamos y si se viste un poco provocativa ….. más aún. Y curiosamente nunca le ha gustado rasurarse su panochita lo que la hace ver más cachonda. Cuestión de gustos.

Muy pronto después de casados, mientras cogíamos iniciaron las fantasías, fantaseábamos con que ella permitiera que otros hombres la vieran desnuda, ella sabía cuanto me encendía y calentaba esa fantasía, mientras se la metía y la penetraba una y otra vez, le preguntaba si se había dado cuenta como la veían otros hombres durante el día, si pensaba como se imaginaban esos hombres cómo se vería desnuda, y si ella creía que se les antojaría cogerla, ella se calentaba y yo más aún, le preguntaba si no le gustaría que la vieran desnuda, que supieran lo buena y caliente que era además de bonita y sexy. Esto la prendía, hacía que se mojara y escurriera y yo se lo decía una y otra vez, cuantas veces hacíamos el amor. Hasta que un día sin saber como reaccionaría mientras cogíamos, le sugerí que porque no intentábamos convertir nuestra fantasía en una realidad; al principio me dijo que estaba loco, que como me atrevía a proponerle algo así, que una cosa era que lo platicáramos entre nosotros y otra que fuera real. No insistí ese día, volvía a tocar el tema tres días después diciéndole lo mucho que me calentaría a mi, que me haría desearla más, que nadie la tocaría solo la observarían y que ese sería nuestro secreto. Después de insistir una y otra vez, finalmente accedió a hacer la prueba y muy pronto después hicimos un viaje y le sugerí y aceptó que sería muy fácil si ella se pusiera un “baby doll” transparente y pidiéramos “room service” al cuarto del hotel, de esta manera podría dejar que la viera casi desnuda un desconocido sin consecuencias; yo permanecería en el baño y dejaría la puerta semiabierta para poder ver. Cuando tocó el encargado de servicio a cuartos era un joven que no daba crédito a lo que veía, Alba frente a él con un “babt doll” rosa, de faldita corta, diminuto calzón, los pechos sostenidos por una telita muy delgada transparente que permitían ver sus erectos pezones, mientras el joven acomodaba el servicio mi esposa se las agenciaba para pasearse frente a él y como yo le había pedido, simuló que se le caía algo y se agachó a recogerlo dándole la espalda, toda la redondez de sus nalguitas quedó al descubierto para que el mesero la viera. Estoy seguro que en ese momento el joven solo pensaba en lo mucho que gozaría cogerse a mi esposa. También debe haber pensado que clase de puta tenía enfrente. Funcionó y después de que salió del cuarto, mi esposa y yo cogimos como locos, ella estaba que ardía, su vagina escurría, no había duda que a ambos nos había calentado la experiencia, mientras la cogía y se la metía una y otra vez le preguntaba si le había gustado portarse como una zorra, ella me contestaba una y otra vez que primero había estado nerviosa pero que después cuando sintió como se mojaba frente a ese extraño, solo pensaba en que le metieran una verga una y otra vez. Cogimos como nunca.

Este juego se repitió por dos años, cada vez le agregábamos algo extra, ya no era solo el “baby doll” transparente, ahora fue una bata larga que además de ser trasparente dejaba abierta al frente exponiendo a la vista su panochita sin rasurar, el contraste del blanco nieve transparente de la bata y el negro de su vello púbico calentaba a cualquiera. Una y otra vez después de exhibirse cogíamos como locos, poco a poco se estaba convirtiendo sin darse cuenta en una puta, cada día ponía menos resistencia a las novedades, había nacido en ella y crecía un deseo que se convertiría en adicción a enseñar. Era ya sin saberlo, una “exhibicionista”, se había convertido en una puta que gozaba cuando la veían y se calentaba con que otros la vieran y a mi me ponía al rojo vivo. Una vez se puso un “baby doll” tan corto y tan abierto arriba que dejaba ambos pechos prácticamente a la vista, y lo poco que se tapaban, se transparentaba. Abajo, era tan corto que la faldita ni media nalga le tapaba y en consecuencia dejaba todo su bosque negro al frente al descubierto. No dejaba nada a la imaginación. El cambio en ella había sido fenomenal, fue ella quien sugirió que compráramos ese “outfit” en una sex shop. No cabe duda la zorrita sin darse cuenta era ya una puta.

Ahora cuando cogíamos ya fantaseábamos no solo con que la vieran desnuda, ahora le gustaba que le preguntará que era ella y me contestaba una y otra vez. Una puta, soy putísima, me gusta ser puta, tu puta, me gusta que me vean, me gusta imaginarme desnuda frente a varios hombres con sus vergas de fuera paradas, me decía.

Ya para entonces los dos necesitábamos más, queríamos probar algo nuevo y estuvimos de acuerdo en que en nuestro próximo viaje haría los arreglos para que un masajista viniera a nuestro cuarto a darle un masaje y si ella no objetaba, el terapista continuaría su masaje en partes de su cuerpo cada vez más y más intimas hasta donde ella quisiera. El día llegó, hice los arreglos necesarios con un masajista que me recomendó el conserje del hotel, hablé con el masajista un joven musculoso de buen ver y fijamos las condiciones y la hora a la que vendría al cuarto del hotel. Estaba entusiasmado, insistió en preguntar si yo estaba de acuerdo. Dije que claro.

Mi esposa y yo decidimos que lo más apropiado sería que se pusiera un tipo bikini de dos piezas. El masajista llegó con su camilla, ella se acostó y yo hice como que leía una revista, pusimos música tranquila en el radio del cuarto, mi esposa se acostó boca abajo y él, Pablo, así se llamaba el masajista empezó poco a poco a correr sus manos sobre el blanco cuerpo de mi esposa, la espalda, las piernas, el cuello, la cintura sin darme cuenta en qué momento, Pablo bajó la mano la puso ligeramente por abajo del calzón de mi esposa en sus nalgas, ella no objetó, lo que es más, pude observar como se ella se movía ligeramente con placer. Era una señal, la señal que Pablo necesitaba para ir más allá, más profundo. Mi esposa había aceptado que además de que alguien la viera desnuda, ahora, aceptaba que un extraño la tocara, la manoseara. Lo que empezó con una discreta caricia en las nalgas se convirtió en un frenético cachondeo de piernas, cintura, cuello, Pablo despojó a mi esposa del calzón de su bikini, la volteó y cuando la tuvo a la vista boca arriba la despojó del brassiere dejándola por primera vez totalmente desnuda frente a un extraño. Mi esposa no ponía objeción, de vez en cuando me volteaba a ver como buscando mi aprobación y yo cada vez le sonreía como diciéndole: sigue vas muy bien y claro cada vez me paraba más mi verga, Pablo la tenía a su merced, hacía lo que quería y ella no ponía objeción, las manos de Pablo acariciaban todo el cuerpo desnudo de Alba, puso su mano en su monte de Venus, jugueteó con su negro vello, con esa confianza Pablo se bajó los pantalones y su tanga y sacó su verga, un singular miembro, grande y grueso y lo acercó a la boca de mi esposa, ella al principio se resistió, Pablo insistía acercándola a sus labios carmesí hasta que ella accedió primero a besar la punta de la verga de Pablo y luego la metió tímidamente en su boca, segundos después Pablo aprovechó que Alba había consentido y la metía y sacaba de su boca, Pablo tuvo que parar dos veces para explicarle a mi esposa como debía mamársela, debo mencionar que en todo el tiempo de casados nunca había aceptado mamar mi verga, era virgen en la boca, entonces ella no pudiendo más explotó y dijo lo que yo había esperado siempre, primero casi imperceptible dijo aayyy… aayyyyy… mmmmm…. Que rico….. cógeme por favor, conforme se calentaba subió el tono de voz y gimiendo, practicamante a gritos suplicaba: cógeme le decía una y otra vez, estoy escurriendo, ya no puedo más, te necesito dentro de mí, por favor, no me dejes así, cógeme, quiero verga, méteme tu verga, hazme tu puta, por favor. Cógeme pero ponte un condón le pidió. Este fue el inicio de una nueva vida. No cabe duda. Había nacido una PUTA.

Continuamos con nuestras experiencias sexuales, ya no recuerdo cuantos hoteles visitamos aunque los masajistas eran esporádicos, el libido en mis esposa iba en aumento.

Justo después del nacimiento de nuestro segundo hijo, ahora ya estábamos en el quinto año de nuestro matrimonio, una noche de sexo le pregunté si consideraría que otro hombre la cogiera sin condón y se viniera dentro de ella. La sola mención de la idea no solo le molestó, se ofendió y dejó de hablarme por varios días, pedí disculpas una y otra vez aún cuando en el fondo siempre supe que su enojo y resistencia era precisamente una reacción para ocultar lo que ella realmente quería o deseaba. Hicimos las paces, y volvimos a la normalidad, vida, sexo, exhibicionismo una y otra vez hasta que me volví a animar y encontrando el momento propicio le volví a preguntar si habría alguna posibilidad de que permitiera que otro hombre la cogiera sin condón y se viniera dentro de ella. Su reacción no fue como la primera vez, me dijo que lo pensaría y me daría su respuesta en unos días.

Fueron los días más largos de mi vida, no me atrevía a tocar el tema otra vez por miedo a cual sería su reacción. Hasta que una noche en la cama me abrazó y besó y me dijo: “y esa idea loca que tuviste cómo la quisieras llevar a cabo?”

Después de mucho platicar decidimos hacerlo. La pregunta era cómo y con quien. Acordamos que debería ser con alguien desconocido, de preferencia fuera de la ciudad o de la zona donde vivimos, y lo más importante si iba a permitir que la cogieran sin condón, cómo podíamos garantizarnos que no quedara embarazada y más importante aún, si era un desconocido cómo asegurarnos de no correr el riesgo de que la persona fuera VIH positivo. Pasaron los días y no encontrábamos la solución a los dos “peros” de nuestra aventura. Conforme pasaban los días nuestra inquietud, nuestros deseos crecían, no hablábamos más que de este tema, y mientras más lo platicábamos más se nos antojaba.

Aún sin encontrar la respuesta a nuestras inquietudes una noche salimos a festejar el cumpleaños de su prima Luisa, fuimos a cenar y terminamos en un bar en la zona Rosa, ella, Alba iba muy sexy, se había puesto una de esas faldas cortas que dejan al descubierto la mayor parte de sus bien contorneadas piernas y muslos, no llevaba medias y solo un panty que en la parte de atrás se metía entre sus dos redondas y tersas nalgas, otra vez, su vello púbico la hacía ver más sexy al hacerse presente detrás de esa tela trasparente de su minúsculo calzón. Una blusa con amplio escote al frente permitía apreciar sus pechos que aunque pequeños, firmes y de singular contorno. Al calor de las copas y mientras bailábamos y le subía la falda y acariciaba sus nalguitas, la besé y le dije: zorrita ya no puedo más, no duermo pensando cómo y quien te puede coger sin condón, si realmente me quieres y estás dispuesta a hacer lo que sea por mí, en vez de buscar el cómo no, buscamos el como si, ella no me entendió y me dijo, estás borracho o me estás tomando el pelo, no te entiendo y yo le contesté, no nena no estoy borracho ni bromeando, ¿porqué en vez de pensar cómo no te embarazas? porque no pensamos cómo lo hacemos para que te embaraces. Ella se detuvo, paró en seco y me dijo. Me estás proponiendo que me cojan para que me embarace de otro hombre, quieres que me preñe otro que no seas tú, quieres que lleve en mi vientre el hijo de otro hombre, sabes lo que me estás pidiendo? Soportarías ver como me crece la panza sabiendo que el hijo que llevo dentro no es tuyo? Estás loco? Por un momento no dije nada pero segundos después, que parecieron una eternidad, no se de donde saqué fuerzas que le contesté SI, si eso te estoy pidiendo…. Hubo un silencio sepulcral por unos instantes que me parecieron minutos, Alba me abrazó muy fuerte, juntó sus labios a los míos y sin yo poder creer lo que oía me dijo…. Si eso quieres eso hacemos, te doy gusto en lo que quieras…. Te quiero, llévame a la casa, cógeme, estoy muy caliente, me muero de ganas de tener tu verga dentro de mi. Hazme tu puta vámonos… Te podrás imaginar como cogimos llegando a la casa.

Sin decirle a mi esposa y habiendo calculado su periodo de ovulación, organicé un viaje de una semana a la Riviera Maya a un lugar y hotel que me habían recomendado unos amigos muy reventados. Dos semanas antes del viaje me las agencié para no tener sexo con mi esposa. Quería que llegara ardiendo a la Riviera Maya, y más aún, se me había metido en la cabeza que si ya había aceptado que se la cogieran sin condón, quería estar seguro que si la embarazaran, el que la embarazara fuera otro y no yo.

El tema del SIDA no volvió a salir a relucir en nuestras conversaciones y menos cuando hablamos del viaje. A mi me vino a la mente en varias ocasiones y no se si con toda intención o no, lo borraba de mis pensamientos y pensaba en otra cosa.

Para hacer una historia larga, corta llegamos al Hotel en la Riviera Maya, un lugar con unos jardines y alberca espectacular. La primera vez que bajamos a la alberca mi esposa llamó la atención, como lo habíamos planeado, por lo miniatura de su bikini que poco dejaba a la imaginación, habíamos acordado que ella coquetearía con los hombres solos que hubiera. Cual sería nuestra sorpresa que alredor de la alberca estaba un grupo de cinco extranjeros, nos las agenciamos para ocupar unos camastros al lado de ellos. Hablaban en francés, mi esposa se quitó una pequeña blusa dejando al descubierto el top de su bikini que dejaba a la vista más de la mitad de sus senos. Se acostó boca abajo y desamarró el top, el espectáculo era increíble por lo diminuto del calzón de su bikini dejaba ver toda la redondez de sus nalgas, y sin el top, parecía que estuviera totalmente desnuda boca abajo. Dos de los franceses no le quitaban los ojos de encima y entre ellos comentaban algo, supongo yo que era sobre mi esposa. De repente ella hizo un movimiento inesperado para mi, se volteó y como si hubiera sido accidental, dejó al descubierto sus desnudos pechos, con lentitud estiró la mano en búsqueda de su top, y con toda intención para que los franceses que ahora la observaban sin disimulo. tardó en encontrarlo.

Ese era el momento que estaba esperando, me levanté y le murmuré algo a mi esposa en el oido: “Ahorita vengo voy por unas bebidas al bar te dejo en buenas manos, aprovecha ahora que tienes su atención y seguramente están calientes por ti.

Mi esposa me dijo que después que me fui y estuve fuera de su vista dos de ellos se acercaron a ella y en muy mal español iniciaron conversación con ella, mi esposa había llevado francés en la secundaria y aunque no podía conversar, si entendía muchas palabras, o por lo menos creyó entender. Uno de ellos puso su mano sobre su muslo y como ella no objetó, el otro hizo lo mismo. La muy puta de mi esposa no perdió tiempo y tomó la mano de uno de ellos y la llevó hasta su panochita, el mensaje era claro, prácticamente les decía tómenme, mi esposa metió su mano a su bolsa de playa y sacó la llave del cuarto y sonriendo la entregó a uno de ellos y le dijo “dix heures” a las diez.

Esa noche bajamos a cenar en la palapa del hotel, nuevamente mi esposa vestía por demás provocativa, una faldita corta medio trasparente, sin ropa interior. Nuestros amigos estaban en una mesa en la esquina, solo pude observar como los que daban

el frente le sonreían maliciosamente y uno de ellos levantó la llave discretamente y se la mostró a mi esposa a lo lejos.

Cenamos y un poco antes de las 10:00 mi esposa me explicó que era el momento que habíamos estado esperando, ella se levantó de la mesa haciéndose notar y volteando a verlos, les sonrió y se alejó hacia nuestra cabaña que estaba en la parte de atrás de la palapa. Como lo habíamos acordado yo me pasé a una mesa del bar con un puro, como diciendo tómense su tiempo que yo voy a fumar mi puro y me toma tiempo.

Vi como primero dos de ellos y luego otro se levantaron de la mesa, el último en levantarse le entregó un celular a uno de los que se quedó sentados. Estoy seguro que era para que les avisara de mis movimientos.
Alba me contó que poco después de que entró al cuarto oyó como metían la llave en la cerradura y tal como lo había anticipado, entraron los tres franceses, ella les sonrió y ellos se avalanzaron sobre ella, uno besándola, el otro metiendo la mano debajo de su falda y el tercero cogía sus pechos y los besaba, la despojaron del vestido y como lo habían anticipado, debajo del vestido solo había desnudez total. Me platica Alba como se besaron, la cachondearon, le metía uno y luego otro un dedo, dos dedos en su vagina, por primera vez su virgen culo estaba siendo penetrado por los dedos de unos extraños ella solo oía como por momentos le hablaban en francés, luego le decían palabras en inglés, francés y en muy mal español. Pute, whore, puta, de todo le decían, magnífica, belle, desnudos todos se turnaban para que mi esposa les mamara la verga, ella no podía más, me dijo que nunca había sentido tantas ganas de que la cogieran, parecía como que flotaba me dijo después. El que hablaba un poco de español y le decía: estás rica, buena, muy buena eres puta caliente cuando le acercó su pene a la entrada de su vagina mi esposa que tenía los ojos entrecerrados, los abrió y claramente pudo ver como éste hombrón con una verga mucho más grande que la mía iniciaba su penetración sin condón, en eso me contó, me vino a la mente como un relámpago que estaba ovulando, que precisamente esa semana eran mis días más fértiles… me contó que se le salió decir muy fuerte: “Luis hijo de puta, cabrón lo planeaste sabiendo que éstos eran mis días fértiles…., estoy ovulando…. todo junto, la verga del francés en la puerta de mi sexo, saber que habías planeado los días, todo eso hizo que me excitara más me dijo ella, me cogieron uno primero y otro y otro después me contó, primero en mi vagina y luego en mi ano, me dolió mucho cuando me penetraron por el culo, pero estaba yo tan caliente me dijo que una y otra vez se movía siguiendo el ritmo de sus embates. Me continuo contando, Una y otra vez les decía, así, así cójanme, y sin pensarlo, empecé a gritar: si, soy una puta cójanme, embarácenme, quiero que me preñen, vénganse dentro de mi, quiero su leche, mucha leche, quiero tener un hijo de alguno de ustedes, soy una puta, quiero que hagan que me crezca la panza. Me contó: Uno primero y otro después y otro más me llenaron de su líquido blanco espeso, uno de ellos me dijo: yo creo que tenía mucho tiempo sin venirse porque sentí como me echaba lo que yo supuse eran litros de su semen. Mientras más pensaba yo en que me estaban cogiendo sin condón y viniéndose dentro de mi, más me excitaba me contó Alba, una y otra vez suplicaba: así, así fuerte, cójanme. Vente dentro de mi soy una puta, putísima, soy su puta hagan de mi lo que quieran…. Hubo un momento en que tenía tres vergas dentro de mi, una en mi vagina, el otro me tenía ensartada por el culo mientras yo mamaba al tercero. Cuando me las sacaron estaba yo exhausta me dijo: “fue hasta ese momento que me vino a la mente que me habían cogido tres hombres que yo no conocía, eran extranjeros y aunque de buen ver, no sabía nada de ellos, me helé, me dijo mi esposa, me puse fria de miedo solo de pensar que alguno de ellos fuera positivo del sida”.

De las seis noches que pasamos en el hotel cuatro noches estuvieron los franceses en el cuarto cogiéndose a mi esposa, no hubo uno de los cinco que no se la cogiera y todos sin condón.

El último día de nuestra estancia mi esposa me dijo si no notaba algo raro en uno de los franceses, le comenté que no y me dijo, fíjate bien, camina de manera muy delicada, ya son dos veces que se separa de sus amigos y camina muy misterioso atrás del bar. Una vez más cuando se paró y caminó hacia atrás del bar yo me levanté y caminé hacia el lado contrario desde donde podía ver la parte de atrás del bar. Para mi sorpresa pude observar como el francés, un negro de extraordinaria altura y muy musculoso, besaba a uno de los empleados del bar, una y otra vez, se besaban y movían las manos uno en el cuerpo del otro. Era evidente, era homosexual.

Regresé y con miedo le pregunté a mi esposa si se la había cogido el francés negro y se había venido dentro de ella, Para mi asombro, y sin saber qué decirle, me contestó que si, que curiosamente había sido uno de los que más veces se había venido dentro de ella. No pude emitir palabra alguna y preferí callar.

Una vez de regreso en casa no volvimos a tocar el tema por unos días, hasta que poco a poco empezamos a comentar las experiencias del viaje.

No había día que pasara sin que recordara yo al negro francés besando al empleado del bar del hotel. Me entraron dudas sobre si había sido buena idea la experiencia de mi esposa con el negro homosexual.

Pasaron los días y aunque tratábamos de no hablar mucho del tema yo estoy seguro que en la mente de mi esposa el fantasma de si había quedado embarazada siempre estaba presente. Por lo menos yo si pensaba cada día en esa posibilidad, que consecuencias tendría nuestra calentura. Lo cierto era que lo hecho, hecho estaba y nada podíamos hacer ahora. Habíamos jugado con fuego sabiendo cuales podían ser las consecuencias.

Llegó el día que tanto habíamos esperado y a la vez temido o deseado, Alba me dijo una mañana que tenía ya más de una semana de retraso, muy raro en ella porque siempre había sido muy puntual en su regla.

Corrimos a la farmacia y compramos uno de esos kits de prueba del embarazo. Y ………. Alba estaba embarazada, la había preñado uno de los cinco franceses, cuál no sabemos. Mi esposa está en su quinto mes de embarazo y todas las pruebas que le han hecho han salido bien.. Los dos estamos contentos de tener otro hijo… luisgongar@hotmail.com
Luis

Jun
20/11
La zorrita del gym

Soy un chico de 22 años, y trabajo en un gimnasio de por mi casa. No hago mucho, simplemente me ocupo de que todo quede ordenado y en su sitio y, cuando ya no queda nadie, cierro con llave y me voy, hasta el día siguiente. Pasan muchas chicas y mujeres por el gimnasio, de todas las edades, tamaños y aspectos. Las jovencitas me dan un morbo especial, esa mezcla de frescura e inocencia… Aunque no soy escrupuloso, me gustan de cualquier edad. Pero una chica me obsesionaba especialmente. Típica niña rica, pensaba yo. Al principio cuando me veía sólo me echaba alguna miradita inocente. Luego ya eran gestos de calentura, hasta que un día, incluso, al salir de los vestidores se chocó conmigo. En vez de irse me frotó la entrepierna con su apretado culo de colegiala y dijo:

- Ay, perdóname…¬¬-

Muy a menudo, casi siempre, era la última en marcharse, y ahí era cuando tonteaba. Me tenía tan caliente y me jodían tanto las niñas de papá que, como digo, me obsesionó.
Una tarde se me presentó la ocasión. Ya se habían ido casi todos, incluso los entrenadores. Quedábamos Paco, que es un compañero de trabajo, y yo. Y dos chicas duchándose. Una de ellas ya se imaginaran quién era.

- Joder, a ver si acaban pronto y podemos largarnos, que estoy hasta la madre de esto – dijo Paco.
– Oye, vete si quieres, yo me quedo – me ofrecí, magnánimo – así de paso reviso lo de los desagües del baño de las chicas, que decían que les pasaba algo.
– ¿De verdad? No sé…
– Que sí, cabrón, que sí. Hoy por ti y mañana por mí, ¿no? – comenté deshecho en sonrisas, cuando lo que realmente quería era que se largara.
– Muchísimas gracias, en serio…
– De nada, hombre, de nada.

Al rato salió la mujer que quedaba en la ducha, una mujer cuarentona con unas curvas de infarto. Pero mi objetivo, de momento, era otro, así que la despedí con cordialidad y, cuando se alejó, cerré las puertas del gimnasio y apagué las luces que daban a la calle.
Cuando entré en los baños de mujeres todavía se escuchaba agua caer. Entré, y sin querer le di una patada a algo que había en el suelo, haciendo ruido.

- ¿Quién hay ahí? – la oí preguntar, cerrando el grifo.

No contesté. Sabía que se asomaría a mirar, y así lo hizo. Segundos después, envuelta en una toalla, salió y se encontró frente a mí. Sonrió.

- Ah, eres tu – dijo – me había asustado.
– Hola, princesa. No pretendía asustarte, preciosidad – contesté empalagoso y embaucador.
Ella se creció con mis halagos.
– No pasa nada, ¿quieres algo de mí?
– Quiero muchas cosas, princesita. Y desde hace mucho, pero es hoy cuando me las vas a dar.
Empezó a mirarme, confusa.
– ¿Qué quieres decir? ¿Qué vas a hacer?
– No te preocupes, cariño mío, nada que tú no quieras – ya había empezado a acercarme a ella, que andaba hacia atrás – siempre me miras con ojitos viciosos, y el otro día hasta te frotaste contra mí.
– Eso no es verdad – dijo. Ya estaba pegada a la pared y yo casi había llegado a su altura – déjame en paz, si me haces algo gritaré.

Llegué y aprisioné su cuerpo con el mío. Intentó darme un rodillazo, supongo que en la entrepierna, pero la inmovilicé a tiempo y sujeté sus manos.

- Pues grita, amor mío, grita, ¿no ves que estamos solitos? He apagado las luces y cerrado las puertas, cariño, aunque grites no servirá de mucho.
– Por favor… – empezaba a suplicar – por favor, no me hagas daño… Por favor…
– No voy a hacerte daño si me obedeces, cielo. Me lo debes.
– Yo no te debo nada, cerdo asqueroso. ¡Déjame en paz, suéltame!
– Claro que me lo debes, mi amor – dije, sujetándola más fuerte – el otro día cuando te frotaste con tanto ímpetu despertaste el interés de mi verga y hasta que no se sacie no te va a dejar en paz. ¿No crees que lo mejor sea que la contentes cuanto antes para que se vaya feliz a casa?
– Por favor… – volvió a decir – te la jalo un ratito, pero después dejarás que me vaya. Suéltame, me haces daño.

Agarré con una mano su toalla y la desaté, cayendo al suelo. Quiso taparse pero estaba bien inmovilizada.Tenía un buen par de tetas. Tenía unas tetas impresionantes. En su sitio, pero bastante grandes.

- Joder, princesita, ¡qué par de melones! ¿Y qué edad tienes?
– Dieciocho.
– y con este par de melones.
– No hables así de mis pechos – dijo, toda digna.
Me reí con sarcasmo. La verdad es que tenía las tetas grandes, sobre todo teniendo en cuenta que tenía un cuerpo delgadito.

- Esto no son pechos ,son unas tetotas… Ideales para una zorrita caliente.

A mí me encantaban sus tetas, pero intuía que se sentía acomplejada por su tamaño. Me iba a encantar humillarla con eso…

- ¡Cállate, asqueroso!

Con toda la calma del mundo y una gran sonrisa le di un bofetón. No demasiado fuerte, aunque sí sonoro. Lo justo para empezar con la humillación. Se puso a gritar como una loca, a agitarse para que la soltara. Yo empecé a lamer sus tetas y mordisquear sus pezones y, aunque no quería, dejó de gritar para comenzar a gemir.

Cuando ya la tenía donde quería me fijé en su panocha, sin pelo.

- Un coñito depilado, parece que la nena es más puta de lo que quería reconocer.
– Es por higiene – aclaró.
– No, princesita, no. Es para putear por ahí. ¿Cuántas vergas te has metido ya por ahí eh?
– Eso a ti no te importa.
– Tienes razón. Lo único que importa es que será éste – me sobé mi pene por encima del pantalón, ya bien empinado – al que vas a satisfacer hoy. Así que a darle.
Con manos temblorosas y evitando mirarme a los ojos empezó a desabrochar mi cinturón y mi bragueta, y después bajó mis calzoncillos. Comenzó a tocármela.
– Putita, arrodíllate, me apetece verte así delante de mi pene – dije, empujando sus hombros.
– No me llames así – contestó mirándome enfurecida.
– Ay, perdón – fingí arrepentirme – tienes toda la razón, preciosa. Putita era cuando me calentabas por las esquinas, pero ahora que ya tienes mi Verga en tu poder la cosa cambia. Ya puedes decir tranquilamente que eres una puta.
– No me insultes, me llamo Barbará.
– Qué maleducado soy, mira que no preguntar… Pues eso, Barby, zorrita, arrodíllate.
Se dio cuenta de que con cada palabra lo empeoraba y su humillación crecía y, sorprendentemente, no sólo se calló, sino que se arrodilló frente a mi polla.
– Ahora contéstame y dime a cuantos tipos te has tirado. Y no me digas que ninguno, que sé de sobra que como buena puta sabes hacer más de una cosa a la vez.
Volvió a mirarme con odio, pero entró al juego.
– No lo sé, algunos han sido rollos de una noche, tendría que ponerme a pensar.
– Ah, mira, la princesita no quiere que la llame zorra, y con diecisiete años ya no sabe cuántos tipos se la han tirado – dije entre risas – ¿diez, veinte? ¿Cincuenta, cien, doscientos? – estas últimas preguntas iban cargadas de ironía.
– Joder, yo que sé, pues entre diez y veinte.
– ¿Y a cuántos pendejitos de esos les has mamado la verga?
– Sólo a mi novio, y una vez muy poco rato, no me gusta hacerlo.
– Anda si encima tienes novio… ¿Tiene tu edad?
– Sí, un par de meses más.
– Qué joven para ser cornudo. Seguro que si supiera que a mí sí me la vas a chupar se le quedaba cara de pendejazo.
Dejó de masturbarme y me miró a los ojos.
– ¡De eso nada! ¡El trato era de jalártela!
– ¿Trato? Yo no he aceptado ningún trato, princesita, y tengo uno mejor. Además, no me niegues que te gusta – bajé la mano a su coño y le metí un dedo, que salió empapado – ¡bingo! ¡Chorreando!
– No, no… – se puso roja – por favor, no es que me guste, es… no sé, no me hagas nada… no me obligues a… eso. Me da asco.
– ¿A qué?
– A… hacerte sexo oral.
– Hablas demasiado fino, las zorras llaman a las cosas por su nombre. ¿No quieres mamarme la verga?
– No, no quiero, no me obligues.
– Que no te obligue a…
– A mamártela…– murmuró muy bajito, completamente roja.
– No voy a obligarte, me lo vas a pedir tú.
– Ni hablar.
– Ya verás cómo sí, princesita. Vamos, túmbate. ¡Vamos, túmbate en el suelo!

Me hizo caso, asustada. Abrí sus piernas todo lo que pude, acerqué la boca a esa puchita que me volvía loco y empecé a comérmela. Al principio se resistía, intentaba negarse, pero comerme un buen coño es una de las cosas que más cachondo me ponen y me dediqué a ello con pasión. A los pocos minutos gemía como loca, cachonda pérdida.

- Sigue, sigue, estoy a punto de correrme.
Paré de golpe.
– Ponte de rodillas un momento antes de seguir – ordené.

No se lo pensó. Busqué con la mirada algo para mi objetivo y cogí el cinturón. Até las manos a su espalda con firmeza.

- ¿Qué chingados haces? – preguntó.
– Calla, puta. ¿Quieres correrte o no?
– Sí – respondió, sonrojándose otra vez.
– Entonces obedece.

Me fui a sentar en un banco que había en una esquina y se dio la vuelta, aún de rodillas, mirándome, ávida de instrucciones.

- Vamos, zorra tetona, ven– me miraba apretando los dientes, maldiciendo, mientras venía hacia mí arrastrándose, pero ya se había resignado, y ni siquiera me pedía que no la insultara, así que seguí deleitándome – no sé cómo no pierdes el equilibrio, con ese cuerpecillo y ese par de chichotas por delante que parecen globos.

Me agarré la polla mientras la veía andar hacia mí, sus tetas botando, su cara roja por la vergüenza y la humillación, y jadeando, por el esfuerzo y lo cachonda que estaba. Cuando ya le faltaba poquito la agarré del pelo y la arrastré hasta mí.

- Muy bien, guapa, entonces dime, ¿quieres disfrutar? ¿Estás cachondita?
– Sí, bueno, un poco…
– Un poco no, puerca, estás caliente como una perra en celo. Dilo.
– Estoy caliente como una perra en celo.
– Si me satisfaces, tal vez te corras. Si no, no sólo no te correrás y, encima, te voy a tener horas aquí. Tú eliges.
– Está bien, lo haré, pero por favor, deja que me corra.
– Luego. Ahora, ¿no tenías nada que decirme?
Cerró los ojos, muerta de vergüenza, y dijo:
– Por favor, chuparte la verga.
– Pues no me haré de rogar, zorrita.

La agarré del pelo y empecé a penetrar mi pene en su boca. Poco a poco la metí, ordenando que abriese más y más la boca, puesto que, aunque no muy larga. Al llegar a su campanilla y notar varias arcadas, intentó sacársela, pero me esperé un poquito y, además, solté una de las manos de su pelo y le tapé la nariz. Sólo le saqué la verga cuando le caían un par de lágrimas por las mejillas, del esfuerzo.

Pensé que iba a soltarme toda una bola de insultos, pero no. No dijo nada, así que aproveché para humillarla un poco más.
– Al cornudo no se la mamaste así, ¿no?
– No, solo se la lamí un poco. Y se llama Jorge.
– Me la pela. En lo que a mí respecta, la zorra y el cornudo. Dime, ¿te corres sólo con penetración o tienes que sobarte el coño?
– Casi, pero no, necesito tocarme un poco el clítoris.
– Genial. Siéntate en mi polla, déjate caer.

La muy puta no se hizo de rogar. Así sentado como estaba yo, se puso de pie, aún con las manos a la espalda, me rodeó con las piernas, y se empaló con mi verga de un solo golpe.

- ¡Hija de puta, qué panochita más abierta tienes! – Exclamé – ¡cabalga, zorra, cabalga!
Botaba arriba y abajo, gimiendo con fuerza, y yo retorcía sus pezones.
– ¿Te gusta, puta?
– ¡Muchooooo! ¡Muerde mis pezones, por favor! ¡Ayyy,ay,ay!
– Estás hecha una zorrita de lujo.

Cuanto más se los retorcía y mordía más gemía ella, pidiéndome más, empalándose con furia mi palo en las entrañas.
De pronto un sonido nos sobresaltó.

- Es mi celular, pero da igual, déjalo sonar… aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh, ayyyyy.
Siguió moviéndose. La muy puta contraía los músculos de la vagina aprisionándome el palo y estaba a punto de correrme.
– Baja, puta, que no quiero correrme y menos en tu pucha, ¿o quieres que te deje embarazada?
– No… Claro que no… – decía jadeando.
Desaté sus manos.
– Ve a coger tu celular, a ver quién llamaba.
Aunque intuía la respuesta, mi mente calenturienta se alegró cuando dijo:
– Era mi novio.
– ¿Perdón? ¿Qué era quién?
– Mi novio.
– ¿Qué? – para que reaccionara le di un sonoro azote en el culo, y me miró avergonzada.
– Perdón. Era el cornudo. Luego le llamo.
– No, perra, le llamas ahora.
– Bueno, está bien, intentaré que sea rápido…
– De eso nada. Ponte a cuatro patas aquí, marca su número y pon el altavoz.
– No, por favor, no me hagas esto.
– ¡Que lo hagas, joder!
Y, sorprendentemente, lo hizo. Antes de que diera señal, pese a sus débiles protestas, empecé a meterle la polla otra vez en el coño.
– ¡Hola! – saludó él alegremente, y justo entonces embestí hasta los huevos
Ella ahogó un jadeo y tardó un par de segundos en reaccionar.
– Hola cariño, perdona, no he oído tu llamada.
– No pasa nada, ¿estás en casa?
– Eh… no – decía ella, que entre que tenía que inventar una excusa y estaba siendo empalada le costaba pensar – estoy con las chicas del gimnasio tomando algo.
– Ah, yo estoy algo ocupado, pero era para vernos en un ratito. ¿No podrías, en una hora o así?
– Uf, no sé, estoy cansada – dijo.
Le di un pellizco en el culo y susurré, muy, muy bajito.
– Queda con él, perra.
Antes de que el pendejo pudiera contestar, Barbará rectificó.
– Pero bueno, claro que sí, un rato. Sólo que aún nos falta un poco y preferiría cambiarme… ¿En una hora y media?
– Bueno, paso a buscarte. ¿Estás bien? Parece como si acabaras de correr la maratón.
Tuve que esforzarme en no reír. Si él supiera…
– Claro que sí, cansada, pero nada más. En un rato nos vemos.
– Un besito.

Ella colgó a tiempo, justo antes de dar un gemido tremendo por una de mis embestidas. Llevó una mano a su clítoris.
– De eso nada, puta, no te sobes.
-Pero me quiero correr.
-Yo me encargo amor.

Empecé a embestirla con mayor fuerza, mientras ella gemía y retozaba de placer. Enseguida me incorpore sin sacársela y la cargue en mis brazos, ella me aprisiono con sus piernas enganchándose a mí. Estuvimos con el mete y saca por un buen rato de esa forma.
Podía sentir como sus jugos se resbalaban entre sus piernas, se sentía delicioso. Eso me éxito mas y la recosté sobre el banco.

-Ahora preciosa, vas a saber lo que es el placer.

Comencé a comerle la puchita, mmm que delicia que era, toda mojadita y con ese sabor tan característico de su puchita.

-Ayyyyy si, sigue, por favor mas masssssss.

Ya no gemía, me lo gritaba, era tanto su placer que se corrió la muy guarra en mi cara. Yo seguía con mi tarea y me tome todos sus jugos.

-ay sigue papi, quiero que me cojas de nuevo.

Me coloque encima de ella y comencé a cogérmela de manera brutal, mientras yo se la metía como una bestia salvaje, ella me pedía mas y mas. Me ponía más y más cachondo con cada uno de sus gemidos. Le mordía sus pezones y se los pellizcaba.

-Dame mas, masssssss, me corro, Ayyyyy.
-¿quieres mas perrita?, te voy a partir en dos putilla.
-siiiiiii, hazlo, párteme, dame tu lechita.
No pude resistirme y empecé a retorcer sus pezones. Eso fue el detonante. Al minuto, gritó:
– ¡¡Me corrooooooooooooooo!! ¡¡Ahhh si, me corro, sí, sí, síííííííí!!

Impresionante. Esa chica era una viciosa de cuidado, pensé. Le estaba dando tales embestidas a la muy zorra, que me dejaba alucinado.

-ahh ¿quieres leche nena? ¿La quieres?
-si, dámela, lléname de tu lechita. La quiero sentir en mi pucha.
Eso me puso a mil e inmediatamente me corrí dentro de ella. Le descargue todo mi semen dentro de su vaginita. Fue algo asombroso.
No paso mucho tiempo antes de que me pusiera en pie.
– ¿Y tu ropa? – pregunté mientras ella descansaba de su orgasmo, jadeando – lame tus fluidos de zorra del banco, lo quiero limpio. No me des más trabajo del que ya tengo.
Señaló una percha y empezó a lamer. Cogí el tanga, lo hice una bola y lo inserté en su coño. Cuando estuvo bien empapado lo saqué y me lo guardé, a la vez que le tiraba el bra, el uniforme y los calcetines.
– Esto me lo quedo de recuerdo – dije.
– ¿Me vas a hacer volver a casa sin tanga?
– Así se te airea el chochito – dije, burlón – ¿algún problema? Si sigues chingando te vas sin bra.
– No, no, perdón. Era curiosidad.
– Tú obedece y cierra el pico. Deja de lamer ya y vístete.
– Gracias – murmuró.
Desaté sus manos y señalé la puerta con la cabeza.
– Te espero fuera.
– Ahora mismo voy.

Tampoco era mucha ropa que ponerse: el sujetador, el típico polo blanco, faldita escocesa, calcetines y zapatos. Efectivamente, en un momento estaba fuera. Una oleada de aire gélido nos azotó y se puso la chaqueta.
– Eso, abrígate, que tu coño estará caliente, pero hace frío. ¿Y tu celular?
– Aquí – lo sacó de la mochila.
– Llámame y cuelga – le di mi número.
Cuando quedó el suyo registrado en mi teléfono, pulsé en a añadir a la lista de contactos y se lo di a ella.
– Memorízalo. No por tu nombre, claro, que no me acordaría – dije – pon “zorra tetona” y así cuando me apetezca usarte, te llamo.
Me miraba otra vez con esa expresión de odio y pregunté:
– ¿Hay algún problema? ¿Es que no has disfrutado? Si no quieres volver a saber nada de mí…
Era un riesgo, lo sabía, pero algo me indicaba que no era así.
– No, no – contestó enseguida – está bien.
En la pantalla apareció el nombre indicado y lo memorizó.
– A mí puedes memorizarme como Diego, aunque no quiero que te dirijas a mí por mi nombre nunca.
– Entendido.
– Me voy, puta. ¿Cuándo vuelves al gimnasio?
– El jueves.
– Pues en un par de días nos volvemos a ver, si quiero algo de ti ya tendrás noticias mías.
– Vale. Hasta el jueves.
– Adiós. Dale un besito al cornudo de mi parte…
Otra mirada de odio, pero no dijo nada. ¡Qué ganas de que llegase el jueves!