Belen, la kioskera
Titulo: Belen, la kioskera Etiquetas: Tags: amazona, coño, gemido, huevos, orgasmo, polla Url: http://www.porvicio.com/belen-la-kioskera/
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Como de costumbre, bajé a comprar el periódico el domingo por la mañana, a la papelerÃa de abajo de mi casa. Era una mañana frÃa de invierno y el viento soplaba cortante como afilados cuchillos. Abrà la puerta de la tienda y como siempre allà estaba ella, Belén que asà se llamaba la tendera, es una mujer de unos 40 años, pero a primera vista su carita de ángel hace que parezca 10 años más joven.
-Hola Antonio, ¿cómo estás? lo de siempre ¿no?
Siempre me regalaba esa sonrisa de niña buena que tiene, junto con esos pechos turgentes que me vuelven loco y que me están creando una obsesión cada dÃa más agudizada por mi mente calenturienta. Belén suele vestir con ropa ajustada, sabe que le queda bien, que resalta sus pechos, unos pechos grandes y redondos, con unos pezones marcados bajo esa tela ajustada que siempre lleva, están apretados y siempre erectos, recibiendo a los clientes con un saludo sexual que los vuelve locos. Le aboné el periódico y me fui deseándole buenos dÃas.
Cada dÃa me embelesaba más esa mujer y tenÃa cada vez más ganas de ver esos pechos libres como el viento, fuera de esa tela que los oprime.
La verdad es que tenÃamos algo de confianza ya que era cliente habitual y algunas veces coincidÃamos en el vecindario. Mi obsesión era tirarme a mi dependienta favorita, pero era un deseo difÃcil de realizar. El domingo siguiente entré más temprano de lo habitual, y ella estaba en la trastienda arreglando los periódicos, que iba a vender esa mañana.
-¿Belén, estas ah�? Te dejo el dinero y me llevo lo de siempre. -Antonio, anda, pasa y échame una mano a ver si puedes ayudarme, estos periódicos me van a volver loca.
Pasé a la trastienda y casi me da un shock cuando la vi. Estaba agachada, frente a mÃ, llevaba un top que dejaba ver el principio de sus grandes pechos, comprobé que no llevaba sujetador y que sus tetas libraban una gran batalla por permanecer dentro de su prisión de tela. Me quedé como embobado mirando esos pechos que me vuelven loco y que me obsesionan.
-No te quedes ahà pasmado entra y ayúdame que esto pesa un montón.
Me agaché delante de ella. Sus pechos se movÃan al son de su agitada respiración como volcanes a punto de tener una erupción, y mi polla reaccionó al instante como queriendo salir y evitar esa erupción. Nos levantamos y ella me miraba con una sonrisa pÃcara en su boquita, perfilada por unos labios que llamaban a gritos a mi cetro enhiesto para calmar su sufrimiento.
-Vamos a poner estas revistas en el otro lado- me dijo.
Se giró y se agachó a coger las revistas y lo hizo sin doblar las rodillas, ofreciéndome la grandiosa vista de su magnÃfico culo, llevaba unos pantalones ajustados que marcaban ese precioso culo. Estaban un poco bajados y pude ver su tanga de hilo dental que sobresalÃa por los pantalones. Aquello era demasiado para mÃ. Me tenÃa loco, me estaba empezando a doler la polla de tanta erección contenida. Se volvió y dejó las revistas a mis pies.
Al levantarse se quedó mirando mi paquete que abultaba bajo mi chándal, no lo podÃa ocultar, tenÃa un bulto enorme entre las piernas. Yo no podÃa reaccionar estaba hechizado por sus encantos. Me miró y riéndose me dijo. Parece que tu amiguito también me quiere ayudar. Su mano se posó directamente sobre mi paquete.
-Hola, soy Belén, encantada de conocerte.
Y sacó mi polla cogiéndola como si fuese una mano y estuviese saludándola. Se arrodilló y abrió sus labios engullendo mi polla hasta dentro. Si hubiese visto mi cara serÃa la de un idiota embobado. Sus labios aprisionaban mi pene, jugaban con el tronco mientras sus manos agarraban y presionaban mis huevos. LamÃa mi glande lo chupaba, pasaba la lengua por todo mi tronco mientras sus ojos miraban directamente a los mÃos.
Era experta chupadora, se veÃa que le encantaba hacerlo, lamÃa mi polla desde la base de los huevos hasta la puntita, deteniéndose en ella y sorbiéndola, mordisqueándola, era la gloria. EscupÃa en mi capullo para lubrificarlo bien y se lo volvÃa a meter hasta el fondo. Me daba mordisquitos en la polla me apretaba los huevos como queriendo sacar toda la leche que contenÃa.
-Umm… cariño, qué bueno que está este churrito, es delicioso, rellenito de crema.
Se levantó y sus labios me besaron, estaban llenos de saliva y de lÃquido de mi polla, me excitó sobremanera el saborear su boca con mi lÃquido pre seminal en ella.
-Te gusta tu tendera, ¿eh, Antoñito? Vamos a pasar un ratito divertido creo yo.
La cogà y besé su boca, mis labios buscaban ese fuego que ella desprendÃa para intentar calmarlo, apagarlo con mi lengua. Cogà su top y se lo saqué, su par de tetas rebotaron arriba y abajo al liberarlos del tejido que los oprimÃa y sus pezones duros como piedras me miraban agradeciéndomelo. Empecé a mamarlos como si me fuera la vida en ellos, los lamÃa y mis manos se posaban en sus tetas imposibles de abarcar, gastaba una 110 por lo menos. Chupaba como un niño hambriento arrancándole gemidos que resonaban por toda la tienda.
-Sigue asà mi bebé chupa toda la lechecita de mamá.
Amasaba sus tetas mientras mis labios chupaban sus pezones y mis dientes mordÃan y mordÃan esos pezones que cada vez estaban más duros y sensibles. Belén no dejaba de gemir. Bajé por su vientre lamiéndolo, besándolo, pasando mis dedos suavemente por su piel de terciopelo, me detuve en su ombligo, adornado por un piercing. Mi lengua jugueteaba con él, sorbÃa como si quisiese arrancárselo, y ella arañaba mi espalda por el placer que le estaba dando y me susurraba obscenidades al oÃdo.
-Vamos, sigue asÃ, qué gusto, vamos, chúpame toda, lámeme, venga mi papi, dame gusto, dame caña, cabrón…
La tumbé en el sofá de la trastienda y le bajé los pantalones. Pude ver ese tanga que antes apenas pude adivinar. Apenas tapaba su rajita húmeda y tenÃa una gran mancha de humedad vaginal en él. Estaba súper mojado.
-¿Has visto cómo me pones Antonio? Estoy empapada, mi tanguita ya no puede absorber más. -Tranquila que ya recogeré yo tus flujos, Belencita. Me estás volviendo loco, cariño.
Le quité el pantalón y el tanga y la dejé toda desnuda para mÃ, pude comprobar el olor a sexo que desprendÃa.
-Venga, nene comételo, es tu suplemento dominical, vamos hazme vibrar, cabroncete. Me vuelves loca, me he masturbado tantas veces pensando en ti y ahora no voy a dejarte escapar. Venga, chúpame el coño, venga vamos, cabrón hazme gemir como a una perra en celo.
Mis labios se pegaron como ventosas a sus labios. Los chupaba los separaba con mis dedos y metÃa mi lengua en ellos, los lamÃa, los chupaba. Mordisqueaba sus labios para ir sacando poco a poco su clÃtoris, que empezaba a salir de su capuchón. Lo tome entre mis labios y lo chupé como si me fuera la vida en ello. Ella se arqueaba y gemÃa, se retorcÃa de placer. Chupaba su clÃtoris y mis dedos abrÃan su rajita para buscar esa cavernita de deseo. Mis dedos empezaban a resbalar dentro de su coño, mojado como una fuente.
-Vamos hazme vibrar -me decÃa.
Tres de mis dedos estaban dentro de su coño, entrando y saliendo, moviéndose en su interior. Ella se tocaba las tetas, se las amasaba y pellizcaba sus pezones. Mis dedos trabajaban su coño y uno de ellos su ano. Empezaba a entrar en él. Lo mojaba en sus flujos y apretaba para que se fuese introduciendo en su culito prieto. Cada vez mi ritmo aumentaba mis dedos salÃan y entraban a gran velocidad y noté cómo su cuerpo se puso en tensión, se arqueó y un grito salió de su garganta, note mi mano mojada y llena de flujos, se habÃa corrido, me agaché a saborear su néctar, su flujo, era sabroso embriagador. Sus ojos se quedaron en blanco y me dedicó una de sus mejores sonrisas. Me cogió y me quito la ropa me tumbo en el sofá y me dijo.
-Cabrón, esto lo vas a pagar caro, todo este placer te lo voy a devolver con creces, ummmm.
Se montó encima de mi polla que estaba como el cristal de dura. Empezó a cabalgarme, como una amazona domina a su caballo. SubÃa y se dejaba caer arrancándome gemidos de placer, sus movimientos eran expertos salÃa toda mi polla de su coño y luego se dejaba caer hasta que mis huevos hacÃan tope. Estaba que no podÃa más, notaba que me iba a correr de un momento a otro. Ella entonces paraba el ritmo y se movÃa suave delicadamente. Tras unos instantes volvÃa a acelerar el ritmo.
-Vamos, caballito, te voy a domar. ¿Te gusta, verdad? Vamos, fóllame duro, vamos. -SÃ, Belén, fóllame, fóllame.
Era un placer ver sus tetas moviéndose delante de mà botando sin parar arriba y abajo. Estiraba mi cuello para chuparlas las cogÃa con mis manos y las besaba, les daba mordiscos a sus duros pezones.
-Belén me voy a correr, cariño, me voy a correr. -Espera, cielo, aún te queda algo que te maravilla sin probar.
Se salió de mà y se tumbó en el sofá. Se agarró las tetas con las manos y me dijo.
-Venga cabroncete, fóllame las tetas, son todas para ti, venga, fóllamelas.
Mi polla desapareció en esas montañas de placer. La metà en ese maravilloso surco y empecé un vaivén loco y rápido por entre sus pechos.
-Belén, me corro, me corro… -Siiiiiiiiiiiiiii, Siiiiiiiii, córrete cabrón, dame tu leche vamos tengo hambre…
Mi cuerpo se arqueó y salieron despedidos varios chorros de semen que impactaron en su cuello y en su cara, ella la agachó para que le llegaran a sus labios, pómulos, ojos, pelo. Nunca me habÃa corrido tanto y quedó llena de mi leche.
- Hummmmmmmmm, Antonio, qué desayuno más rico.
De repente se abrió la puerta de la trastienda y apareció su hija. TendrÃa unos 20 años, l.80, larga melena, ojos negros. VestÃa un pijamita de dos piezas que dejaba su barriguita al aire. TenÃa unos pechos parecidos a su madre y un culito respingón de ensueño Se acercó a su madre y le dijo: ‘’Mamá se te ha caÃdo el desayuno por la cara. Déjame que te lo limpie.’’
Y empezó a limpiar con su lengua los restos de mi corrida, saboreándolos y lamiéndolos de la cara y pechos de su madre…Pero esto es otra historia que ya contaré…
Autor: José
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