Muy agradecida
Titulo: Muy agradecida Etiquetas: Tags: coño, esfinter, marido, miembro, senos, verga, vulva Url: http://www.porvicio.com/muy-agradecida/
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Mi nombre es Lorna, y recientemente vivà una experiencia que me ha hecho el revalorar un favor. Ese dÃa tenÃa mi tercera y última entrevista de empleo, era algo simple pero de suma importancia, ya que una amiga mÃa que trabaja para la misma empresa me comentó, que pase lo que pase, no faltes que ya el cargo es tuyo. Asà que cuando me dirigà a mi auto, llena de alegrÃa y esperanzas, me encuentro con la desagradable sorpresa de que tenÃa una de las ruedas traseras vacÃas. Ya estaba a punto de ponerme a cambiarlas, cuando me di cuenta de que aparte de que demorarÃa mucho y no sabÃa exactamente como hacerlo, por lo que de nada valÃa que lo hiciera, pensé conducir el auto hasta el negocio, donde arreglan las gomas de los autos.
Cuando traté de prender mi auto, me llevo la segunda desagradable sorpresa del dÃa, la baterÃa estaba agotada, por más que insistà lo único que escuchaba era un tiqui tiqui tiqui, al pasar la llave del encendido. En ese instante me comencé a desesperar, pero de inmediato tomé mi teléfono celular y llamé a la lÃnea de taxis cercana a casa. La despachadora al atenderme de inmediato me dijo, que por lo menos en una hora no podÃa garantizarme el servicio, debido a que era la hora de mayor congestión en la mañana.
Entonces tras colgar, ese sentimiento de desesperación se apoderó de mÃ, al no conseguir manera de transportarme. Mis vecinos cercanos no se encontraban, mi madre no tiene auto y mi padre se encontraba de viaje de negocios, y para colmo de males, cuando decidà llamar a mi esposo, me recordé que a esa hora se encontraba en la sala de operaciones, ya que es enfermero técnico de cirugÃas.
En fin ya estaba llorando en la puerta de mi casa, cuando Lorenzo el hijo menor de un vecino cercano, pasó a pie frente a mà casa rumbo a sus clases, de inmediato se dio cuenta de que algo me pasaba, yo estaba hecha todo un mar de lágrimas. El detalle de su parte fue que se detuvo, a preguntarme que me sucedÃa, y no habÃa terminado de hacerme la pregunta, cuando me desbordé en llanto mientras le decÃa todo lo malo que me habÃa sucedido. El jovencito de unos 18 años creo, me escuchó atentamente y al yo terminar de hablar, me dijo. Señora Lorna no se preocupe que llegará a su cita, y de inmediato dejando sus libros sobre mi auto, salió corriendo para su casa. Yo me quedé pensando que podÃa hacer ese chico, quizás su padre estaba en casa y me pudiera hacer el favor de llevarme.
De momento escuché, el fuerte sonido de una motocicleta. Se trataba de Lorenzo en efecto, manejando un monstruo de máquina, me disculpan pero lo único que sé, es que era extremadamente grande. A pesar de mis grandes temores a ese tipo de vehÃculo, sin perder tiempo pensando en que me podÃa pasar me monté, y tras darle la dirección al joven, como un rayo atravesó el pesado tránsito, que en cosa de menos de veinte minutos más o menos ya estaban entrevistándome. Al terminar como les dije ya tenÃa el empleo y comenzaba el próximo lunes. Mi alegrÃa era tal que casi beso a Lorenzo en la boca, ya que esperó a que yo terminase la entrevista, con la idea de regresar a casa conmigo.
Apenas llegamos a mi casa, le di las gracias, pero no terminaba de hacerlo, cuando él se ofreció a ayudarme a arreglar la goma de mi vehÃculo. En cosa de pocos minutos, retiró la goma y después de poner la repuesta, el condenado auto encendió con suma facilidad, al parecer uno de los contactos de la baterÃa solo estaba algo sucio. Lorenzo llevó la goma en mi auto hasta el negocio donde la repararon. Aunque yo le habÃa dicho que no se molestase, que de seguro mi marido lo harÃa en cuanto regresara de trabajar.
Cuando Lorenzo salió en mi auto, me quedé pensando por unos instantes como podrÃa agradecerle al chico sus atenciones, y el que me hubiera llevado a mi tan importante entrevista. Mientras me cambiaba de ropa, me acordé de cómo en más de una ocasión, lo habÃa pescado viéndome las nalgas, en los dÃas en que su familia y la mÃa compartÃan en la piscina de su casa.
Pensarán que estoy loca, pero si realmente supieran cuán importante era para mà esa entrevista, y mi posterior trabajo de seguro no pensarÃan eso de mÃ. Asà que decidà agradecerle todo lo que habÃa hecho por mÃ, ese dÃa, de la mejor manera que pude, ya que como dice el dicho favor con favor se paga. Asà que me vestà o mejor dicho me desvestà adecuadamente para esa ocasión, algo me decÃa que si en agradecimiento le ofrecÃa dinero de seguro no lo aceptarÃa, mientras que darle las gracias de la manera en que lo habÃa planeado, de seguro aceptarÃa, cosa que en el fondo era lo que yo deseaba.
Cuando sentà que mi auto regresó, y entraba a nuestro estacionamiento, rápidamente me terminé de quitar toda mi ropa, quedándome únicamente en pantis y sostén. Mi plan era bien sencillo, depende de la manera en que me mirase, decidirÃa si continuaba o no con mi idea, de agradecerle de manera bien intima, el gran favor que me hizo. Cuando escuché que tocó la puerta de casa, desde la escalera le grité que me hiciera el favor de entrar a la casa. Apenas lo hizo y cerró la puerta tras él, de manera bien despreocupada bajé por la escalera. Llevando únicamente puestas mis pantis y el sostén de color negro, con unos zapatos de tacones altos, del mismo color.
Apenas Lorenzo me vio, se quedó prácticamente boquiabierto, viéndome con sus ojos, que parecÃan saldrÃan de sus orbitas. Su manera de verme me terminó de convencer de que mi idea de darle las gracias a mi manera, definitivamente era la más adecuada. Por lo que me le fui acercando sugestivamente hasta que me detuve frente a él, y le dije. Te quiero dar las gracias Ãntimamente, por el gran favor que me has hecho, pero también quiero que te quede bien claro, que es tan solo por esta ocasión, ¿estamos claros? a lo que Lorenzo respondió rápidamente, si está bien claro.
Después de escucharlo, lo tomé de la mano y lo conduje escaleras arriba, directamente a la habitación de mi marido y mÃa. Aún algo tÃmido, Lorenzo me preguntó por mi esposo, y le respondà que no se preocupase que ese dÃa trabajaba hasta altas horas de la noche, y apenas eran las once del dÃa, por lo que tenÃamos tiempo de sobra, para que yo le pudiera mostrar, que tan agradecida estaba. Lorenzo tomó asiento en mi cama, y apenas me senté a su lado, me demostró lo mucho que estaba interesado en mi, tomándome entre sus brazos y comenzando a tocarme y besarme de manera inmediata, aunque de manera torpe y bien nervioso sus manos acariciaban casi todo mi cuerpo, en particular mis senos.
Yo por mi parte no perdà tiempo en quitarme lo poco que tenÃa puesto, pero mi intención era que él quedase verdaderamente satisfecho, por lo que primero levantándome de la cama, y luego arrodillándome ante él, con mis manos comencé a sacar su duro miembro del pantalón, y una vez fuera me llevé una agradable sorpresa, no sé si serÃa por lo agradecida que estaba pero su miembro me pareció mucho más grande y grueso que el de mi pobre marido, aún bastante impresionada, tomé su falo entre mis dedos y comencé acariciarlo suavemente mientras que Lorenzo me observaba aún con la boca abierta, el decidir ponerme a mamárselo fue cosa de unos segundos.
Continué por pasar mi lengua por sobre su colorado glande, una y otra vez, al tiempo que Lorenzo se recostaba completamente sobre mi cama, por un rato estuve lame que lame, desde sus bolas, pasando mi lengua por todo su tallo, hasta su colorada cabezota y luego después de eso comencé con el chupa que chupa, pero sin excederme, ya que no deseaba desaprovechar la oportunidad de que yo también me satisficiera.
Cuando nuevamente me tiré sobre la cama, de inmediato Lorenzo dirigió su verga a mi coño. Separó con sus dedos la pequeña braga negra que estaba usando y sabrosamente sentà como me comenzaba a penetrar y como su respiración se fue acelerando bastante, al tiempo que me apretaba contra su cuerpo y yo movÃa mis caderas bajo él. De su boca salÃa uno que otro bufido, a medida que continuaba dándome bien duro, como si en eso le fuera la vida.
Yo por mi parte también lo disfruté mucho, todo lo que él me metÃa y como lo hacÃa, definitivamente era muy diferente a la manera a que mi marido me tiene acostumbrada a hacer el amor, su manera tan salvaje de penetrarme, me hizo sentir algo que hacÃa mucho tiempo no sentÃa, una serie de múltiples orgasmos en cadena. Yo estaba actuando como una verdadera loca, a cada empujón de su cuerpo sobre el mÃo, le pedÃa que me diera más y más duro. Su boca viciosamente me chupaba lospezones, mis tetas, cuando no era que se dedicaba a besarme introduciendo su juguetona lengua dentro de mi boca.
A petición mÃa cambiamos de posición, Lorenzo se colocó tras de mà y nuevamente sentà su verga como se deslizaba sabrosamente dentro de mi coño. Desesperadamente me tomó por las caderas, apretándome una y otra vez contra su delgado cuerpo, pero con una fuerza insospechable. PodÃa sentir como metÃa hasta el fondo de mi vulva su verga y como nuevamente la sacaba hasta dejarla totalmente fuera, asà lo estuvo haciendo por un buen rato hasta que de momento, cuando la volvÃa a clavar, en lugar de entrar dentro de mi coño, se deslizó sobre mi esfÃnter.
Por suerte en otras ocasiones mi marido y yo lo hacemos de esa manera, por lo que el dolor no fue tanto, pero el placer de lo inesperado por lo visto produjo en Lorenzo se viniera dentro de mà apretado culito. Sus movimientos se fueron deteniendo hasta que únicamente sentà su fuerte respiración a mi espalda. Descansamos por unos momentos, pensando que con eso el chico quedarÃa más que satisfecho, pero Lorenzo mientras que yo me habÃa quedado tendida en mi cama con las piernas ligeramente abiertas, dirigió su cara a mi coño y con sorpresa sentà como su lengua se dedicaba a jugar con mi clÃtoris, el cual chupó y lamió, al tiempo que fue introduciendo deliciosamente una de sus manos dentro de mi cuerpo, hasta que mi vagina quedó deliciosamente llena por su mano. Entre lamidas y metidas y sacadas de su mano de mi coño, alcance otra serie de múltiples orgasmos que me dejaron completamente extenuada.
Lorenzo entró a nuestro baño, se lavó las manos la cara y su miembro, mientras que yo lo observaba tendida en mi cama con todo mi coño mojado de su saliva y mis fluidos vaginales. Él se acomodó su ropa, y yo tan desnuda como me encontraba, logré ponerme de pie y lo acompañe a la puerta de la casa, donde me despedà de él dándole un profundo beso, como el que él me dio a mÃ.
Esa noche cuando mi marido regresó a casa, y comenzar a escuchar todo lo que me habÃa sucedido, claro que no le dije de la manera en que le agradecà al hijo del vecino, todos los favores que me hizo. De inmediato mi marido me comentó, que debÃa pensar de qué manera le daba las gracias a Lorenzo, me limité a responderle si no te preocupes, que favor con favor se paga, eso lo sé.
Narrador
narrador@hotmail.com
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